(Libro: La revolución de la riqueza. Comentario al cap. 1. “La riqueza como punta de lanza”)
El futuro no es para pusiánimes. ¿Tú lo eres? Pues despídete de este mundo o di como Grouxo Marx: “Paren el mundo, que me bajo”. Si padeces de vértigo, conviértete en ermitaño porque lo que se nos avecina no es precisamente
muy tranquilito.
Leo en este capítulo: “En el 2006 había 800 millones de ordenadores personales en el planeta, uno por cada siete u ocho seres humanos. Hay más de 2.500 millones de chips de ordenador y muchos de ellos contienen más de 100 millones de transistores. Se estima que cada año inundan el mercado cien mil millones de chips cada vez más potentes.
Entre tanto, el número de usuarios de internet de todo el mundo se estima entre 800 y mil millones de personas. ¿Alguien cree realmente que todos estos chips, ordenadores, empresas y conexiones de internet van a desaparecer? ¿O que los 1.700 millones de usuarios de teléfonos móviles van a tirar sus teléfonos cuando estos están equipados cada vez con más efectos especiales para convertirlos en aparatos digitales más avanzados y versátiles?”. Quien piense lo contrario, que levante la mano. Y son cifras del 2006. Si las actualizamos al 2009, todavía nos dará más vértigo.
Otro tema a pensar y que hace dudar, especialmente, después de la supremacía del inglés en Internet. Dicen los Toffler: “El chino será pronto la lengua más utilizada en la red”. No me imagino aprendiendo chino en unos años para entenderme con el resto del mundo conectado.
También me ha hecho gracia la referencia que hacen del London Times cuando aseguró a sus lectores que el nuevo instrumento recién desarrollado llamado teléfono no era más que “el último ejemplo del disparate americano”. Algo parecido se dijo de Internet allá por el año 1996-97: que si era una moda pasajera, que si era un lugar más donde dejar pornografía, cometer delitos, abrir paraísos fiscales y jugar a videojuegos. Hasta que la Red demostró que servía para mucho más que todo esto.
Lo dejo aquí.





